sábado, 5 de enero de 2013

SIN FÍN EN EL RECUERDO




(Fotografía de la Catedral de Mérida.  Extemo derecho inferior: "la esquina del eco".)

Por: Marcos Julio Leal Ceballos


Mérida, Mérida, la Mérida de Venezuela.
Mérida hermosa, ciudad estudiantil.
Mérida de mis años mozos.
Mérida, siempre serás
pura, fresca y juvenil.

Mérida, en cada rincón
un jardín.
Mérida de las calles
estrechas.
Ciudad culta, turística,
y de
belleza sin
fin.

Mérida de suave brisa,
ciudad con aroma propio.
Cuna de árboles jóvenes
y viejos barbados,
con rincones que el no
enamorarse es una ofensa.

Mérida, ciudad donde
el ocaso del olvido
no llega
pues es ciudad renovadora
donde hay música, poesía
y  teatro a toda
hora
visitando la Avenida Dos
Monseñor Lora.

Mérida, la del eco
escondido
en una esquina de
su Plaza Bolívar.
Es el eco que encantaba
y encanta todavía.

Nuestra Mérida, mi Mérida,
que cuando llovía
no importaba
pues la lluvia
traia la invitación
para lograr el amor
en cualquier
rincón.

Mérida, a tu lado quiero estar.
Mérida, no quiero volver.
¡Qué contradicción en mí palpita
pues contrario a Neruda
tendría qué confesar
que no he vivido
por eso no puedo a tí regresar!




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